Por Fernando Calderón España.
El Estado perfecto, por estos lados del planeta, es el que sirve de financiador de los familiares y amigos de los gobiernos, constituidos en empresas y entidades, cuyos servicios se los quitaron a la administración estatal, y los pasaron a la esfera privada en donde la mayor ganancia se reparte entre los socios de esas organizaciones comerciales. Una empresa pública no es para que rente, sino para que sirva y si renta, esta tiene que repartirse en mejores costos y servicios para el ciudadano.
Con el pretexto de que las empresas públicas, las del Estado, eran mal administradoras y escenarios de corrupción, el neoliberalismo o capitalismo salvaje se impuso y se crearon gerencias privadas de los recursos públicos que deberían ser de exclusivo manejo del Estado.
Así llegaron la salud, las pensiones y la educación a convertirse en apetitosos botines de empresarios que, incluso, no estaban preparados para esas gerencias. Resultado: muchas quebraron por ineficiencia, pero la mayoría sufrieron deterioros inducidos que las llevaron a la liquidación, en procesos que con calculada anterioridad enriquecieron a los gestores amigos de los gobiernos. Me imagino que los gobiernos recibieron sus comisiones por haber tenido en la cuenta a los ingeniosos emprendedores.
El Estado ha sido así financiador de la riqueza de unos pocos y una máquina de producir dinero para esos vivarachos emprendedores y no un financiador del bienestar de toda su población.
Cuando viene un presidente a romper ese “statu quo” que ha hecho historia triste (hoy hay 15 millones de colombianos que no comen y se le suman 5 que no alcanzan a las 3 comidas por día) los beneficiarios de ese Estado financiador de una minoría tienen que armar la comunicación que permita desprestigiarlo y menoscabarlo en su confianza y en sus intenciones.
Lo peor: que la mayoría que padece esas maromas de unos privilegiados por amistad o por parentesco aceptemos el asalto al Estado y asumamos el silencio como único medio de defensa. O lo que es lo mismo, que seamos idiotas útiles.
Por eso, el Estado debe retomar el manejo de los servicios públicos, como la salud y su vertiente las pensiones y la educación. Muchas empresas del Estado son hoy sinónimo de buenas prácticas empresariales y son modelos de eficiencia.
Por esa oferta política, voté.