
LinkTIC, empresa colombiana de tecnología con más de 21 años de trayectoria, advierte que la discusión sobre ciberseguridad en Colombia dejó de estar concentrada únicamente en las áreas de tecnología. El costo de detener una operación, recuperar información, responder a clientes y enfrentar un posible daño reputacional está llevando el riesgo digital a las agendas financieras y estratégicas de las compañías.
Las cifras ayudan a dimensionar el problema. Colombia registró 7.100 millones de intentos de ciberataques durante el primer semestre de 2025, según datos de Fortinet.
A esto se suma el impacto económico de los incidentes. En Colombia, el costo promedio de recuperación después de un ataque de ransomware se ubicó en cerca de US$870.000, aproximadamente $3.500 millones, según el informe State of Ransomware 2025 de Sophos. La cifra contempla los costos asociados a la recuperación y operación posterior al ataque, sin incluir el pago de un eventual rescate.
El costo de un ciberataque va más allá del rescate
Para las empresas, el impacto económico no se limita al dinero que pueda exigir un ciberdelincuente. Una brecha puede representar interrupciones operativas, recuperación de sistemas, investigación del incidente, pérdida de ingresos, atención a clientes y posibles consecuencias regulatorias.
En el caso de las pequeñas y medianas empresas colombianas, estimaciones recogidas por la Asociación Colombiana de Ingenieros de Sistemas (ACIS) señalan que un ataque de ransomware acompañado de tres días de inactividad puede generar pérdidas de entre $470 millones y $520 millones. El riesgo resulta particularmente relevante porque muchas pymes tienen menores capacidades financieras y tecnológicas para enfrentar varios días sin operar.
Para Fernán Ocampo, CEO de LinkTIC, el cambio está en dejar de entender la seguridad como una inversión que solo demuestra su valor después de un incidente. Asegura que “la ciberseguridad ya es una decisión de negocio. Una empresa puede invertir durante años en digitalizar sus procesos, pero si no protege la información y la continuidad de su operación, todo ese avance puede quedar expuesto en cuestión de horas. El reto es anticiparse, identificar los riesgos y prepararse para responder antes de que un incidente se convierta en una crisis”.
Un correo electrónico todavía puede abrir la puerta
Aunque las amenazas son cada vez más sofisticadas, el punto de entrada puede seguir siendo sorprendentemente sencillo. ACIS reportó que el 74% de los ciberataques registrados en Colombia durante 2024 tuvo origen en un correo electrónico fraudulento. Ese mismo año se registraron 77.666 denuncias por delitos informáticos, 23 % más que el año anterior.
Phishing, ransomware, robo de credenciales y suplantación continúan aprovechando no solamente vulnerabilidades técnicas, sino también errores humanos. De ahí que una estrategia de ciberseguridad no pueda depender exclusivamente de antivirus, firewalls o nuevas plataformas. La capacitación de los colaboradores, el control de identidades, la autenticación multifactor, los respaldos y los protocolos de respuesta son parte de la misma ecuación.
La inteligencia artificial juega para los dos lados
La inteligencia artificial está agregando una nueva dimensión a los ataques cibernéticos. Su capacidad para generar contenidos, automatizar tareas y replicar voces o imágenes puede ser utilizada para crear intentos de suplantación y fraude cada vez más difíciles de identificar.
Al mismo tiempo, estas tecnologías también están siendo incorporadas en los sistemas de defensa para analizar grandes cantidades de información, detectar comportamientos anómalos y automatizar algunas respuestas frente a posibles amenazas.
Esto está cambiando la manera de abordar la seguridad informática en Colombia: ya no basta con reaccionar cuando aparece una alerta. Las organizaciones necesitan fortalecer su capacidad para anticipar riesgos, detectar incidentes rápidamente y evitar que una vulnerabilidad termine comprometiendo procesos críticos.
De prevenir ataques a garantizar la continuidad
Para las compañías colombianas, el siguiente paso será avanzar de una visión centrada exclusivamente en evitar incidentes hacia una estrategia de ciberresiliencia.
Sectores como salud, justicia, transporte, minería, energía y servicios financieros dependen cada vez más de infraestructuras y plataformas digitales. Por eso, un incidente puede afectar no solamente la información de una organización, sino también su capacidad para seguir prestando servicios.
Una estrategia empresarial debería contemplar al menos cuatro frentes: prevención y detección; protección de identidades y accesos; copias de seguridad y recuperación; y planes claros para responder y mantener la operación frente a un incidente.
Entender qué es la seguridad digital empieza, entonces, por asumir que ningún sistema es completamente inmune. La diferencia puede estar en qué tan rápido una organización identifica un ataque, limita el daño y recupera su funcionamiento. En un escenario de creciente transformación digital, la pregunta para las compañías ya no es solamente cuánto cuesta invertir en ciberseguridad, sino cuánto les puede costar no hacerlo.


